Son días inolvidables.
La ciudad en mi ventana es testigo.
Descubro que me repito y que solo sé decir lo mismo una y otra vez. Pero y qué. Yo que creía que lo único que quería tocar era la guitarra. Mano deslizándose por su espalda hasta su culo para quedarse. A veces solo desearía que mi ventana enfocase el camino hacia su casa, para verla llegar. Los domingos duelen menos. Para mí la mujer es ella y el resto una invención. Es mi religión.Y yo que era agnóstico. De la vida solo espero esto.
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