domingo, 31 de marzo de 2013

M de...

Escribo esto en uno de esos domingos de madrugada, cuando sabes que el lunes está ahí y el instituto. Son exactamente las 3:00, parece que lo haya hecho aposta.

Y es que tengo cierta ansiedad. De no saber expresarme correctamente. De querer decirte lo que pienso y no saber hacerlo. Hubo un tiempo en que sí, sabía escribir. Pero me peleé con las palabras y dije No. Y entonces llegaste tú. Con tu sonrisa, tus viernes, tus paseos y me devuelves todas las ganas de reencontrarme con las palabras. Puede que aún no sepa cómo hacerlo, pero estoy seguro de que pronto encontraré el modo de decirte cuánto siento por ti. Es gracioso, porque apenas sé cuándo verás y esto, y... ahora mismo estás durmiendo y... curiosamente en mi pantalla acaba de decir una mujer un te quiero y... siento que es así como debo sentirme. No tengo miedo a decírtelo, paso de tabúes. Sé que es eso lo que quiero decir. Y espero llegar a susurrártelo a tu oído antes de que llegues a leer esto. Te quiero, joder. Te quiero.

Abusar con frecuencia.

Que me muero por esos lunares. La constelación de su cuerpo y perderme en sus estrellas. Y me siento tan inútil al darme cuenta de que no soy capaz de mirarla y que me mire directamente; que tengo que encontrar la manera de verla sin ser visto. Que nunca había querido que mi mano fuera de otra persona. Ofrecer mi cuerpo a otra persona. Que abuse con frecuencia. Que no puedo tener orden ni esquemas al escribirle algo, todo se aglomera y es imposible tener nada claro. Y vuelvo a sentirme inútil. Pero entonces me río de las personas que nos miran y creen que estamos a su alcance. Estamos muy lejos de aquí. Ya casi nada nos merece.

lunes, 18 de marzo de 2013

Círculo.

Y todo es un Círculo. Porque siempre es la misma canción: depresión solución depresión. ¿Entonces qué? ¿Para qué perseguir la felicidad si llega sola? ¿Para qué ser feliz si acabarás volviendo al pozo de pesimismo? Yo que sé. ¿Dos? Tú y yo. Nunca estaremos en el mismo círculo, pero y qué.

Pero somos el tiempo que nos queda. Y supongo que habrá que disfrutar hasta en las putas.

domingo, 17 de marzo de 2013

Sueño real.

Me despierto como de cualquier sueño. Sábanas empapadas, las nubes entrando por mi ventana. Quiero soñar. Veo restos del sueño por todas partes. ¿Fue real?

Ahora mismo permanece en etérea. Carece de forma humana. Es una idea. Perfecta. Inteligible. Tan solo puedo verla al cerrar los ojos. Mis ojos en la yema de mis dedos, viendo cada íntima parte de su cuerpo cristalino . Representada en ella mientras la sueño. ¿Será real? Despierto cansado de sus sueños, queriendo volver a dormirme.

Y me pregunta si es bueno. Si tú realmente supieras.

lunes, 11 de marzo de 2013

Ciudad de escritores.

Dicen que había una época en la que escribían, sobre todo, a ella. Donde todos se peleaban por conseguir los mejores versos, las mejores metáforas. Luchaban por una mujer en toda la ciudad. Sí era cierto que había otras, y que también eran disputadas por poetas que se creían alados. Pero concretamente, había una, aún sin las palabras que la definieran, que convirtiose en la musa de todos los que no sabían en qué invertir su tiempo. Durante años fue acumulando y acumulando, teniendo ya una biblioteca de miles de tomos, y cada día la hacían llegar nuevos. Raro era el tipo que no se viera fascinado por la delicadeza que desprendía, y todos recurrían a lo mismo: escribir. Todos menos uno, de hecho, el mejor escritor de su tiempo. Había conseguido estremecer a media población con algunos de sus escritos, y podía haber tenido el mundo en sus manos si le hubiera dado la gana; pero no lo hizo. Se fijó en ella después que el resto, lo que ya era de por sí novedad. Pero, como era de esperar, también lo hizo. Se sentó frente al papel, cogió su pluma, y midió para un soneto. ¿Soneto? No, mejor una silva. No, mejor... y dejó la pluma. Miró por la ventana buscando en las nubes lo que no sabía; mientras imaginábala abriendo un sobre y otro con nuevos poemas, nuevas declaraciones del amor anónimo a ella. Encontró respuesta. No la escribiré.

Algunos se enteraron de que el chico ya conocía de su existencia, y de que no la escribía. ¿Pero si la quieres, por qué no la escribes? Es demasiado fácil. Lo difícil sería enamorarla sin usar palabras.  Raramente un día ella se fijó en él, y quemó todas las cartas de su biblioteca. Se preguntaba cómo había podido vivir tanto tiempo sin experimentar algo así, y le rogó que siguiera haciéndolo. Eres único, le solía decir. Él, que apenas escribía ya, tiró todas sus estilográficas y dedicó su vida a hacerla feliz. Soy tuyo, solía decirle.

jueves, 7 de marzo de 2013

Lienzos de lunares.

¿Cómo te llamas? Y me siento tan alejado cuando da sus buenas noches y mi mundo se abalanza sobre la ventana, queriendo salir. Solo veo la oscuridad. Suena paradójico. Siento como algún que otro mes atrás, donde esa oscuridad era el día a día, el pesimismo, la rutina. Vestía de blanco para camuflar todo aquello. Y ahora incluso puedo permitirme sudaderas negras y dar más luz que cualquier blanco.

Llega la mañana y sus buenos días y el mundo se prepara para ser comido. Aunque no pienso comérmelo a él. ¡Tú! Yo. Lo que no piensa es que visualizo el posesivo, el "M de ella". Si tú supieras. Vístete de París y déjame visitar cada una de tus calles. Parar en cualquier portal. Ráyame. Beberme tus ríos, dormir en tus estrellas; bajar y descender por tu cintura. Dibujar círculos en tu piel. ¡Ay, me tiras del pelo! Sé mi lienzo aunque no tenga ni puta idea de pintura. Empezar por tu mano, para cogerla y pararlo todo. Desestabilizar el eje. Tan solos y tan rodeados de gente. Qué iluso al creer que no te volvería a ver siendo un ciego cualquiera.