¿Cómo te llamas? Y me siento tan alejado cuando da sus buenas noches y mi mundo se abalanza sobre la ventana, queriendo salir. Solo veo la oscuridad. Suena paradójico. Siento como algún que otro mes atrás, donde esa oscuridad era el día a día, el pesimismo, la rutina. Vestía de blanco para camuflar todo aquello. Y ahora incluso puedo permitirme sudaderas negras y dar más luz que cualquier blanco.
Llega la mañana y sus buenos días y el mundo se prepara para ser comido. Aunque no pienso comérmelo a él. ¡Tú! Yo. Lo que no piensa es que visualizo el posesivo, el "M de ella". Si tú supieras. Vístete de París y déjame visitar cada una de tus calles. Parar en cualquier portal. Ráyame. Beberme tus ríos, dormir en tus estrellas; bajar y descender por tu cintura. Dibujar círculos en tu piel. ¡Ay, me tiras del pelo! Sé mi lienzo aunque no tenga ni puta idea de pintura. Empezar por tu mano, para cogerla y pararlo todo. Desestabilizar el eje. Tan solos y tan rodeados de gente. Qué iluso al creer que no te volvería a ver siendo un ciego cualquiera.
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