domingo, 15 de septiembre de 2013

Árbol de luz.

Que por qué. Cada día. Que por qué. Me parece bonito. Le escribía cartas a ella. ¿Y a ti? No, a mí nunca me han escrito. 

Bajadas y subidas. 1 minuto. Cerrar antes de sumar tres. Simplemente somos un número. Ni uno, ni otro uno. Es un dos. O bueno, un uno grande. En fin. Es la paradoja de ciertas cosas la que despierta algo en mí cada vez que me paro a pensar. El hecho de que me parezca inmensa y solo quiera que me corte la circulación del brazo con su cabeza. Que duerma su pierna sobre la mía despierta. Porque ya nadie cuenta los versos. Quién sabe si algún día los contaron. Solo querían pararse, entre tanto movimiento, bajo cualquier techo, a leer algún soneto, o alguna tontería. Solo leer. Nada más. Y pasaron los días. Y ya el dos tiene un buen subrayado y el amor se representa con una pastilla al día que se traduce en miles. Miles de momentos. De que, a pesar de que suene rutinario, sea algo nuevo. Lo que buscaba. De que nunca me acostumbre a verla desnuda. De que su cuerpo sea el único lugar al que quiera viajar. Cada noche. Y que si nunca nadie lo había hecho, me atrevo a decir que era por temor al fracaso. Porque incluso yo, lo tengo. Porque es muy difícil. Tú. Quién podría dártelo. Nadie. Nadie es capaz de llegar a tanto. Yo, iluso, lo intento. Porque quiero seguir. Hasta el final. Ya lo sabes. Ya lo sabías. Solo tú y yo bajo una farola cualquier día de invierno. 

Ojalá vuelvas a tener las manos frías.

martes, 4 de junio de 2013

0:00

Y se acumula. Se me acumulan los vasos en la mesa, su ropa por todas partes, la mugre, la mierda. Tierra 0 y estoy muy lejos de aquí. Una forma más de joderlo. Un subconsciente actuando en beneficio mútuo pero con sus perdidas y ganancias. Tanto para ganar, tan poco para perder. Que somos uno, y el resto no importa. Que sí, que me ahogo.

martes, 28 de mayo de 2013

Días largos.

Creedme si os digo que es difícil imaginar una vida ya sin Ella. De algo estoy seguro: la vida es jodido vivirla como quieres. Sueñas con miles de cosas y ninguna llega. Y date con un canto en los dientes si algún día viene ese calvo de la lotería y te dice lo has conseguido, cabrón, disfrútalo. Puto calvo. 

No quiero estar así, dices. No quiero vivir de esta manera. Estoy harto. Solo pienso en el fin de semana y no ser yo. En vivir cada día como ese fin de semana. Desaparecer por unas horas. Ser todo. Vivir feliz. Ser nada. Somos jóvenes. Solo queremos estar drogados. No pensar. Ser felices y no pensar. Tenerlo todo ahora y no pensar. Sobre todo no pensar. Estar drogados y follar. Tan solo asocio el correrme a Ella. Solo quiero correrme si está Ella. Hace tiempo me preguntaron qué era estar enamorado. Esperé. Me dijeron para mí estar enamorado es cuando te haces pajas pensando en Ella. Lo veo algo bonito. En aquel momento lo vi repugnante. Para mí estar enamorado era no ser capaz de verla de esa manera. Tenerla virgen. Quererla por encima de todo lo carnal. Incluso castidad. A ver, un rato. Estar enamorado es quererla cuando no puedas quererla. Sobre todas las cosas. Que se convierta en tu primer mandamiento. Que seas ateo y creas en ella. Ser un esclavo del deseo. Sumiso a sus palabras. Esperar horas y horas en tu celda a que venga el guarda con la carta, y que ella le haya echado perfume y la haya besado aunque el pintalabios apenas se vea. Leer y releer cada una de las líneas de su cuerpo. Subrayar lo importante. Y aprendértela, tío. Saber cada puto lunar de su cuerpo. La constelación de su espalda. Todo, tío, todo. Todo y nada. ¿Nada? Nada. No saber quién es. Verla mística. Eterna. Hacerla girar. Orbitar alrededor suya. La Luna. Joder, muero por el eclipse.  

— Vale, voy para abajo.
— Chao chao.

lunes, 20 de mayo de 2013

¿Por qué?

Pues porqué va a ser.
Porque el simple hecho de no saber cómo expresar un sentimiento ya es suficiente justificación para poder decirte que sí, porque sí. Porque sabes qué hacer para colorear las tardes grises. Porque muero por esa llamada a las 8 que diga "¡Oye! ¿Qué haces?", "Nada, en casa", "Pues baja ya", "Voy", y andar inquieto por el interminable ascensor. Por esa sonrisa al verme bajar las escaleras con las zapatillas de viejo. Por ese momento en el que estás tras el cristal, queriendo entrar, y yo juego con no abrirte la puerta aunque solo desee darle al botón. Por el fondo de mi teléfono. Porque solo si es así soy feliz. Porque te dicen que persigas algo y cuando menos te lo esperas lo tienes durmiendo junto a ti. Porque somos tan parecidos pero tan diferentes. Por mi hambre. Porque el tiempo vuela y entrelazamos nuestros dedos para atraparlo y convertirlo en un momento. El nuestro. Porque eres mi mejor despertador. Por nuestras cosas. Porque me encanta este momento en el que no sabes que te estoy escribiendo, y mientras estamos hablando de tonterías. Porque quería escuchar eso que te he preguntado a las 0:56. Porque sin eso no sabría qué hacer. Porque no sabría cómo vivir sin tus mordiscos. Y por el simple hecho de que estas palabras son todo lo que me viene a la cabeza cuando me dices Por qué, al yo decirte que
 Te quiero.

miércoles, 24 de abril de 2013

Utopía.

— A veces sentía que no eramos parte de este mundo, no sé si me entiendes. Que cogíamos y salíamos a la calle y veíamos todo de otro color. Nuestros ojos no entendían nada, al igual que tú ahora. Miráramos donde miráramos solo veíamos color en un mundo completamente gris.
— ¿Que veíais color?
— Sí.
— ¿Y cómo es?
— Pues qué te voy a contar... no lo entenderías.
— Vaya...
— Sí.

Di un trago y un par de caladas más. Él hizo lo mismo. Oíamos la naturaleza desde aquellas hamacas.

— ¿Y entonces, por qué lo hicísteis?
— ¿El qué?
— Suicidaros.
— Mmm, verás, todo esto se nos quedaba corto.
— ¿Que se os quedaba corto? ¡¿La vida?!
— Sí. Verás, queríamos algo mucho más lejos de todo esto y no había otra manera de alcanzarlo.
— ¿Y lo alcanzásteis?

Bebí. Con los labios aún mojados sonreí.

— Claro. Con ella nada salía mal.

domingo, 21 de abril de 2013

Domingo post-ella.

Son días inolvidables.
La ciudad en mi ventana es testigo.

Descubro que me repito y que solo sé decir lo mismo una y otra vez. Pero y qué. Yo que creía que lo único que quería tocar era la guitarra. Mano deslizándose por su espalda hasta su culo para quedarse. A veces solo desearía que mi ventana enfocase el camino hacia su casa, para verla llegar. Los domingos duelen menos. Para mí la mujer es ella y el resto una invención. Es mi religión.Y yo que era agnóstico. De la vida solo espero esto.

sábado, 13 de abril de 2013

B.

Y te veo. Y escribo esto medio borracho, como solo sé hacerlo. Y es ella la que empieza mis días y los acaba. La que dice recuerda esto, el resto no importa. La que condiciona los recuerdos que tendré de este tiempo. Ya sabéis que el día después a ella es domingo. Porque ella son mis sábados, la aventura, el desenfreno. Y sé que aún nos queda, de hecho, todo, pero solo dame el tiempo. No nos faltará nada. Nada. Recordando el casi ya nada nos merece.

Y ahora duerme, y yo despierto, y espero ser su sueño. El que un día yo soñé, y en ella, ahora, vi hecho realidad.

domingo, 31 de marzo de 2013

M de...

Escribo esto en uno de esos domingos de madrugada, cuando sabes que el lunes está ahí y el instituto. Son exactamente las 3:00, parece que lo haya hecho aposta.

Y es que tengo cierta ansiedad. De no saber expresarme correctamente. De querer decirte lo que pienso y no saber hacerlo. Hubo un tiempo en que sí, sabía escribir. Pero me peleé con las palabras y dije No. Y entonces llegaste tú. Con tu sonrisa, tus viernes, tus paseos y me devuelves todas las ganas de reencontrarme con las palabras. Puede que aún no sepa cómo hacerlo, pero estoy seguro de que pronto encontraré el modo de decirte cuánto siento por ti. Es gracioso, porque apenas sé cuándo verás y esto, y... ahora mismo estás durmiendo y... curiosamente en mi pantalla acaba de decir una mujer un te quiero y... siento que es así como debo sentirme. No tengo miedo a decírtelo, paso de tabúes. Sé que es eso lo que quiero decir. Y espero llegar a susurrártelo a tu oído antes de que llegues a leer esto. Te quiero, joder. Te quiero.

Abusar con frecuencia.

Que me muero por esos lunares. La constelación de su cuerpo y perderme en sus estrellas. Y me siento tan inútil al darme cuenta de que no soy capaz de mirarla y que me mire directamente; que tengo que encontrar la manera de verla sin ser visto. Que nunca había querido que mi mano fuera de otra persona. Ofrecer mi cuerpo a otra persona. Que abuse con frecuencia. Que no puedo tener orden ni esquemas al escribirle algo, todo se aglomera y es imposible tener nada claro. Y vuelvo a sentirme inútil. Pero entonces me río de las personas que nos miran y creen que estamos a su alcance. Estamos muy lejos de aquí. Ya casi nada nos merece.

lunes, 18 de marzo de 2013

Círculo.

Y todo es un Círculo. Porque siempre es la misma canción: depresión solución depresión. ¿Entonces qué? ¿Para qué perseguir la felicidad si llega sola? ¿Para qué ser feliz si acabarás volviendo al pozo de pesimismo? Yo que sé. ¿Dos? Tú y yo. Nunca estaremos en el mismo círculo, pero y qué.

Pero somos el tiempo que nos queda. Y supongo que habrá que disfrutar hasta en las putas.

domingo, 17 de marzo de 2013

Sueño real.

Me despierto como de cualquier sueño. Sábanas empapadas, las nubes entrando por mi ventana. Quiero soñar. Veo restos del sueño por todas partes. ¿Fue real?

Ahora mismo permanece en etérea. Carece de forma humana. Es una idea. Perfecta. Inteligible. Tan solo puedo verla al cerrar los ojos. Mis ojos en la yema de mis dedos, viendo cada íntima parte de su cuerpo cristalino . Representada en ella mientras la sueño. ¿Será real? Despierto cansado de sus sueños, queriendo volver a dormirme.

Y me pregunta si es bueno. Si tú realmente supieras.

lunes, 11 de marzo de 2013

Ciudad de escritores.

Dicen que había una época en la que escribían, sobre todo, a ella. Donde todos se peleaban por conseguir los mejores versos, las mejores metáforas. Luchaban por una mujer en toda la ciudad. Sí era cierto que había otras, y que también eran disputadas por poetas que se creían alados. Pero concretamente, había una, aún sin las palabras que la definieran, que convirtiose en la musa de todos los que no sabían en qué invertir su tiempo. Durante años fue acumulando y acumulando, teniendo ya una biblioteca de miles de tomos, y cada día la hacían llegar nuevos. Raro era el tipo que no se viera fascinado por la delicadeza que desprendía, y todos recurrían a lo mismo: escribir. Todos menos uno, de hecho, el mejor escritor de su tiempo. Había conseguido estremecer a media población con algunos de sus escritos, y podía haber tenido el mundo en sus manos si le hubiera dado la gana; pero no lo hizo. Se fijó en ella después que el resto, lo que ya era de por sí novedad. Pero, como era de esperar, también lo hizo. Se sentó frente al papel, cogió su pluma, y midió para un soneto. ¿Soneto? No, mejor una silva. No, mejor... y dejó la pluma. Miró por la ventana buscando en las nubes lo que no sabía; mientras imaginábala abriendo un sobre y otro con nuevos poemas, nuevas declaraciones del amor anónimo a ella. Encontró respuesta. No la escribiré.

Algunos se enteraron de que el chico ya conocía de su existencia, y de que no la escribía. ¿Pero si la quieres, por qué no la escribes? Es demasiado fácil. Lo difícil sería enamorarla sin usar palabras.  Raramente un día ella se fijó en él, y quemó todas las cartas de su biblioteca. Se preguntaba cómo había podido vivir tanto tiempo sin experimentar algo así, y le rogó que siguiera haciéndolo. Eres único, le solía decir. Él, que apenas escribía ya, tiró todas sus estilográficas y dedicó su vida a hacerla feliz. Soy tuyo, solía decirle.

jueves, 7 de marzo de 2013

Lienzos de lunares.

¿Cómo te llamas? Y me siento tan alejado cuando da sus buenas noches y mi mundo se abalanza sobre la ventana, queriendo salir. Solo veo la oscuridad. Suena paradójico. Siento como algún que otro mes atrás, donde esa oscuridad era el día a día, el pesimismo, la rutina. Vestía de blanco para camuflar todo aquello. Y ahora incluso puedo permitirme sudaderas negras y dar más luz que cualquier blanco.

Llega la mañana y sus buenos días y el mundo se prepara para ser comido. Aunque no pienso comérmelo a él. ¡Tú! Yo. Lo que no piensa es que visualizo el posesivo, el "M de ella". Si tú supieras. Vístete de París y déjame visitar cada una de tus calles. Parar en cualquier portal. Ráyame. Beberme tus ríos, dormir en tus estrellas; bajar y descender por tu cintura. Dibujar círculos en tu piel. ¡Ay, me tiras del pelo! Sé mi lienzo aunque no tenga ni puta idea de pintura. Empezar por tu mano, para cogerla y pararlo todo. Desestabilizar el eje. Tan solos y tan rodeados de gente. Qué iluso al creer que no te volvería a ver siendo un ciego cualquiera.

jueves, 28 de febrero de 2013

En casa.

Vuelvo a casa solo, casi sonriendo. Caminar con una interminable chusta para envenenar labios que minutos antes habían tocado los suyos. Vuelvo a casa solo. ¿Cómo puede tornar su compañía en puta soledad en cuestión de segundos? Enfilo el camino. Menos mal que es en línea recta, pienso. Mi mano se enciende cada vez que inhalo. Los pocos coches que me cruzo me miran como si fuera un delincuente, probablemente pensando mi típico: "dónde irá a estas horas el yonki". Pero no piensan de dónde vengo. Si tan solo me preguntaran el porqué de mi vuelta a estas horas, seguramente les dejaría atónitos de las historias que tengo que contarles. Crujiendo en sus huesos. Dibujando círculos en su piel. No saben nada, solo soy un yonki.

Es una paradoja. No espero entenderla, no quiero hacerlo.

Y seguir soñando con nuestro paraíso artificial. La utopía en el que seamos uno de dos cuerpos. Fijada en un sitio que cree físico, pero nah. Yo encontré mis vistas al mar al asomarme a sus ojos. Al mirarla sonreír alejando sus labios. Al párate. Espero que siga soñando; yo ya he encontrado lo que esperaba soñar.

lunes, 25 de febrero de 2013

Dice que no le gusta el café.

Entonces sonríe y, todo eso, todas esas cosas que creen rodearnos desaparecen. Estamos a mil nubes de este suelo. Un París artificial. Es tan fácil incluso olvidarme de mi nombre cuando veo sus ojos cerrados a tan solo un parpadeo. No puedo evitar entornar los ojos para verla. Parece que estamos en un contínuo punto de partida: kilómetro cero. Un ático en sus labios con ventanas al mar. ¿Por qué siempre llevas la cajetilla si no la usas? No sabe que me encanta fumármela a ella. Colocarme. Acostumbro a ir ciego de su mano. Y apenas nadie nos alcanza a ver. Ciegos. Para el resto somos tan solo dos personas. Para el resto. Pero aún puedo dejar que vaya un metro por delante, cogerla de la mano, girarla, y pensar: eh, hola.