jueves, 28 de agosto de 2014

Día 2.

E hicimos un año y medio. 1'6. De la mejor manera en la que se puede celebrar un año y medio: borrachos de ron y besándonos en una cama llena de calor. Andar por las calles oscuras acompañados de mis mejores amigos, y de los que poco a poco se van convirtiendo en aquellos con los que te gusta estar. Al fin y al cabo, no sabemos montárnoslo tan mal. — ¿En qué piensas? — Ya mismo dos años... y tres... y cuatro... 


Las calles están oscuras. El mundo duerme. No para nosotros.

Día 4.

Hoy ha sido una noche de esas en las que te despiertas casi sin saber dónde estás. Y estaba solo. No me acostumbro a dormir ya sin ti. Ha sido una de esas noches en las que los sueños se apoderan de todas las realidades y convierten la suya en la única e impertérrita. Y antes estos sueños despertaban en  mí algo más que una atracción; despertaban el deseo de quedarme allí para siempre, sin volver a lo que era la verdadera realidad soñando siempre en una paralela. Pero ahora no es así. Ahora me despierto y, sí joder, me encantan estos sueños, pero aquí estás tú. La verdadera realidad. Y el verdadero sueño. La figura perfecta que mezcla lo imposible con lo verdadero haciendo un estándar de amor del que, sinceramente, espero despertar soñando cada día. Estirando mi mano. La realidad nunca estuvo tan cerca.


Y pienso en las luces. En dos puntos de luz flotando en una nada. Dos puntos que brillan. Solo si están cerca el uno del otro.

domingo, 15 de septiembre de 2013

Árbol de luz.

Que por qué. Cada día. Que por qué. Me parece bonito. Le escribía cartas a ella. ¿Y a ti? No, a mí nunca me han escrito. 

Bajadas y subidas. 1 minuto. Cerrar antes de sumar tres. Simplemente somos un número. Ni uno, ni otro uno. Es un dos. O bueno, un uno grande. En fin. Es la paradoja de ciertas cosas la que despierta algo en mí cada vez que me paro a pensar. El hecho de que me parezca inmensa y solo quiera que me corte la circulación del brazo con su cabeza. Que duerma su pierna sobre la mía despierta. Porque ya nadie cuenta los versos. Quién sabe si algún día los contaron. Solo querían pararse, entre tanto movimiento, bajo cualquier techo, a leer algún soneto, o alguna tontería. Solo leer. Nada más. Y pasaron los días. Y ya el dos tiene un buen subrayado y el amor se representa con una pastilla al día que se traduce en miles. Miles de momentos. De que, a pesar de que suene rutinario, sea algo nuevo. Lo que buscaba. De que nunca me acostumbre a verla desnuda. De que su cuerpo sea el único lugar al que quiera viajar. Cada noche. Y que si nunca nadie lo había hecho, me atrevo a decir que era por temor al fracaso. Porque incluso yo, lo tengo. Porque es muy difícil. Tú. Quién podría dártelo. Nadie. Nadie es capaz de llegar a tanto. Yo, iluso, lo intento. Porque quiero seguir. Hasta el final. Ya lo sabes. Ya lo sabías. Solo tú y yo bajo una farola cualquier día de invierno. 

Ojalá vuelvas a tener las manos frías.

martes, 4 de junio de 2013

0:00

Y se acumula. Se me acumulan los vasos en la mesa, su ropa por todas partes, la mugre, la mierda. Tierra 0 y estoy muy lejos de aquí. Una forma más de joderlo. Un subconsciente actuando en beneficio mútuo pero con sus perdidas y ganancias. Tanto para ganar, tan poco para perder. Que somos uno, y el resto no importa. Que sí, que me ahogo.

martes, 28 de mayo de 2013

Días largos.

Creedme si os digo que es difícil imaginar una vida ya sin Ella. De algo estoy seguro: la vida es jodido vivirla como quieres. Sueñas con miles de cosas y ninguna llega. Y date con un canto en los dientes si algún día viene ese calvo de la lotería y te dice lo has conseguido, cabrón, disfrútalo. Puto calvo. 

No quiero estar así, dices. No quiero vivir de esta manera. Estoy harto. Solo pienso en el fin de semana y no ser yo. En vivir cada día como ese fin de semana. Desaparecer por unas horas. Ser todo. Vivir feliz. Ser nada. Somos jóvenes. Solo queremos estar drogados. No pensar. Ser felices y no pensar. Tenerlo todo ahora y no pensar. Sobre todo no pensar. Estar drogados y follar. Tan solo asocio el correrme a Ella. Solo quiero correrme si está Ella. Hace tiempo me preguntaron qué era estar enamorado. Esperé. Me dijeron para mí estar enamorado es cuando te haces pajas pensando en Ella. Lo veo algo bonito. En aquel momento lo vi repugnante. Para mí estar enamorado era no ser capaz de verla de esa manera. Tenerla virgen. Quererla por encima de todo lo carnal. Incluso castidad. A ver, un rato. Estar enamorado es quererla cuando no puedas quererla. Sobre todas las cosas. Que se convierta en tu primer mandamiento. Que seas ateo y creas en ella. Ser un esclavo del deseo. Sumiso a sus palabras. Esperar horas y horas en tu celda a que venga el guarda con la carta, y que ella le haya echado perfume y la haya besado aunque el pintalabios apenas se vea. Leer y releer cada una de las líneas de su cuerpo. Subrayar lo importante. Y aprendértela, tío. Saber cada puto lunar de su cuerpo. La constelación de su espalda. Todo, tío, todo. Todo y nada. ¿Nada? Nada. No saber quién es. Verla mística. Eterna. Hacerla girar. Orbitar alrededor suya. La Luna. Joder, muero por el eclipse.  

— Vale, voy para abajo.
— Chao chao.

lunes, 20 de mayo de 2013

¿Por qué?

Pues porqué va a ser.
Porque el simple hecho de no saber cómo expresar un sentimiento ya es suficiente justificación para poder decirte que sí, porque sí. Porque sabes qué hacer para colorear las tardes grises. Porque muero por esa llamada a las 8 que diga "¡Oye! ¿Qué haces?", "Nada, en casa", "Pues baja ya", "Voy", y andar inquieto por el interminable ascensor. Por esa sonrisa al verme bajar las escaleras con las zapatillas de viejo. Por ese momento en el que estás tras el cristal, queriendo entrar, y yo juego con no abrirte la puerta aunque solo desee darle al botón. Por el fondo de mi teléfono. Porque solo si es así soy feliz. Porque te dicen que persigas algo y cuando menos te lo esperas lo tienes durmiendo junto a ti. Porque somos tan parecidos pero tan diferentes. Por mi hambre. Porque el tiempo vuela y entrelazamos nuestros dedos para atraparlo y convertirlo en un momento. El nuestro. Porque eres mi mejor despertador. Por nuestras cosas. Porque me encanta este momento en el que no sabes que te estoy escribiendo, y mientras estamos hablando de tonterías. Porque quería escuchar eso que te he preguntado a las 0:56. Porque sin eso no sabría qué hacer. Porque no sabría cómo vivir sin tus mordiscos. Y por el simple hecho de que estas palabras son todo lo que me viene a la cabeza cuando me dices Por qué, al yo decirte que
 Te quiero.

miércoles, 24 de abril de 2013

Utopía.

— A veces sentía que no eramos parte de este mundo, no sé si me entiendes. Que cogíamos y salíamos a la calle y veíamos todo de otro color. Nuestros ojos no entendían nada, al igual que tú ahora. Miráramos donde miráramos solo veíamos color en un mundo completamente gris.
— ¿Que veíais color?
— Sí.
— ¿Y cómo es?
— Pues qué te voy a contar... no lo entenderías.
— Vaya...
— Sí.

Di un trago y un par de caladas más. Él hizo lo mismo. Oíamos la naturaleza desde aquellas hamacas.

— ¿Y entonces, por qué lo hicísteis?
— ¿El qué?
— Suicidaros.
— Mmm, verás, todo esto se nos quedaba corto.
— ¿Que se os quedaba corto? ¡¿La vida?!
— Sí. Verás, queríamos algo mucho más lejos de todo esto y no había otra manera de alcanzarlo.
— ¿Y lo alcanzásteis?

Bebí. Con los labios aún mojados sonreí.

— Claro. Con ella nada salía mal.