jueves, 28 de agosto de 2014

Día 4.

Hoy ha sido una noche de esas en las que te despiertas casi sin saber dónde estás. Y estaba solo. No me acostumbro a dormir ya sin ti. Ha sido una de esas noches en las que los sueños se apoderan de todas las realidades y convierten la suya en la única e impertérrita. Y antes estos sueños despertaban en  mí algo más que una atracción; despertaban el deseo de quedarme allí para siempre, sin volver a lo que era la verdadera realidad soñando siempre en una paralela. Pero ahora no es así. Ahora me despierto y, sí joder, me encantan estos sueños, pero aquí estás tú. La verdadera realidad. Y el verdadero sueño. La figura perfecta que mezcla lo imposible con lo verdadero haciendo un estándar de amor del que, sinceramente, espero despertar soñando cada día. Estirando mi mano. La realidad nunca estuvo tan cerca.


Y pienso en las luces. En dos puntos de luz flotando en una nada. Dos puntos que brillan. Solo si están cerca el uno del otro.

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