jueves, 28 de agosto de 2014

Día 3.

Creo en ese silencio que hay después de decir cualquier chorrada que anticipa un te quiero. Ese silencio, en tu cama, hace apenas unas horas, esperando el momento justo para decirlo. Creo en ese momento en el que mi pecho se acelera al verte, al pensarte, al olerte. En el que el reloj se detiene cuando se cruzan tu mirada y la mía. Que aún creo un poquito en que todo esto es un sueño, que es demasiado bueno para ser verdad y que en cualquier momento despertaré en mi cama solo. Pero no es así. Es real. Y es cuando me despierto, giro en la cama y te observo ahí, eterna. Mi corazón vuelve a acelerarse y el reloj quiere detenerse. Si tan solo dejase de girar unas vueltas para ser realmente infinitos. Y perdurar y perdurar. Juntos hasta el final.


Me cruzo un par de gatos. Aquellos primeros te quiero camuflados en un lenguaje extraño.

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