martes, 2 de septiembre de 2014

Día 7.

 — Por fin has llegado.
 — Se me ha hecho eterno.
 — Más a mí.
 — No lo creo.
Se miraron. Sonrojados. Con miedo al qué decir.
 — ¿Qué tal?
 — ¿Andamos?
 — Vale.

No supieron muy bien dónde dirigían sus primeros pasos. La luna se dejó ver. Un gato se les cruzó. En algún punto del universo una estrella nació.

El camino de ida había sido una odisea de nervios. El dolor del estómago casi no le dejaba andar erguido y sentía miedo de no estar a la altura de su inmensidad. Quería competir con todos aquellos capaces de imaginar un mundo con ella; y vencerles con tan solo unas palabras. Quería que sintiera que era él con quien debía estar; que solo él sería capaz de hacerla sentir como se debía sentir. Quería que se despertase necesitándole. Que cada día fuera corriendo al teléfono para escribir un buenos días y las noches se firmasen con un buenas noches. Pero no solo quería eso. Quería ir más allá. Quería ser él quien la besara. Quien la cogiera de la mano y pasease por la ciudad ante los ojos atónitos de todos aquellos que un día le vieron incapaz de alcanzarla. Parecía tan lejos. Quería tan solo quería tenerla lo suficientemente cerca que respirase su aliento casi sin querer. No quería ahogarse jamás. En cierto modo, ella era la reina de las aves y él un miserable ratón. 

 — ¿Qué piensas?
 — En nada.
 — ¿En nada?
 — En nada.

Pensaba en todo. En todos los momentos que estaban por venir y apenas era capaz de imaginarlo. En que ella se convertiría en todo lo del párrafo anterior y era tan bobo que no era capaz de imaginarlo. Que no era capaz de cogerla de la mano allí mismo, besarla, y soltarle un te quiero que partiera las estrellas. No era capaz. Él era más de dejar las cosas fluir. 
Y fluyeron.

 — Tengo frío.

Y metió sus manos en el cuello de su chaqueta. No era tanto el frío que sentía de sus manos si no el frío que quería cortar entre ellos dos. Tan solo cogerla y besarla. Estaba tan cerca que ya casi lo podía saborear. Y acabó sucediendo. 

 — ¿Por qué me quieres?

¿Que por qué te quiero? Cuántas veces me lo habrás preguntado y cuántas veces me habré callado como un bobo. Me cuesta tanto decirlo y tan poco escribirlo, que si fuese del revés me sentiría inútil por no poder darte estas cartas. Por no poder hacer que te pierdas en todas estas letras que llenan nuestra relación. Todos estos fragmentos de nuestra historia. Que con tan solo leer uno de ellos vuelves al día en el que lo leíste por primera vez. ¿Que por qué te quiero? Porque sería imposible no hacerlo. Porque eres todo para mí. Porque lo eres desde el primer momento. ¿Que por qué te quiero? Porque se me hace tan fácil vivir si estás junto a mí que sería absurdo no querer hacerlo más. Porque por ti sonrío. Porque por ti me da igual que esta semana sea una mierda si estás tu al final. Porque todo lo de antes a un Abre no importa. Que eres tú a quién espero al final del camino. Con la mano tendida, esperando la tuya una vez más. Y aún así, después de todo, ¿me preguntas que por qué te quiero?





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