lunes, 1 de septiembre de 2014

Día 5.

Y recuerdo las primeras discusiones. Cuando todo parecía que acabaría allí mismo por cualquier berrinche. Y me enseñaste que no. Que las cosas no se acaban de la noche a la mañana. Hasta entonces vivía creyendo que una discusión tonta acaba con todo. Pero llegaste tú para decir no. Entonces cualquier discusión queda vacía si después de cada una está esa reconciliación. Ese abrazo en el silencio y esa respiración que pone fin a todo lo habido. Y es como si nada. La convivencia es dura, ya lo dicen las viejas lenguas, pero contigo se hace realmente fácil. Ojalá despertar cada día junto a ti. Ojalá vivir en tu día a día. Ojalá las discusiones si después está ese abrazo y ese te quiero. Porque, bueno, te quiero.


Ya estaba cerca, pero el camino se hacía eterno. Y recuerdo la primera entrada del blog, una que jamás llegué a publicar y recordé aquel mismo día. 

"No voy a decir que mató mi rutina. Apareció sin más. Puede que fuera la primera vez en que realmente la buscaba. Y sabía que existía incluso antes de que apareciese. Pero, en realidad, creo que nació aquella noche en que ambos nos topamos semi borrachos para hacer el imbécil un rato, y recordarlo durante años."
9 de enero de 2013.

No hay comentarios:

Publicar un comentario