lunes, 1 de septiembre de 2014

Día 5.

Y recuerdo las primeras discusiones. Cuando todo parecía que acabaría allí mismo por cualquier berrinche. Y me enseñaste que no. Que las cosas no se acaban de la noche a la mañana. Hasta entonces vivía creyendo que una discusión tonta acaba con todo. Pero llegaste tú para decir no. Entonces cualquier discusión queda vacía si después de cada una está esa reconciliación. Ese abrazo en el silencio y esa respiración que pone fin a todo lo habido. Y es como si nada. La convivencia es dura, ya lo dicen las viejas lenguas, pero contigo se hace realmente fácil. Ojalá despertar cada día junto a ti. Ojalá vivir en tu día a día. Ojalá las discusiones si después está ese abrazo y ese te quiero. Porque, bueno, te quiero.


Ya estaba cerca, pero el camino se hacía eterno. Y recuerdo la primera entrada del blog, una que jamás llegué a publicar y recordé aquel mismo día. 

"No voy a decir que mató mi rutina. Apareció sin más. Puede que fuera la primera vez en que realmente la buscaba. Y sabía que existía incluso antes de que apareciese. Pero, en realidad, creo que nació aquella noche en que ambos nos topamos semi borrachos para hacer el imbécil un rato, y recordarlo durante años."
9 de enero de 2013.

jueves, 28 de agosto de 2014

Día 1.

— Ya no escribes, ¿a qué te dedicas ahora?
— No tengo mucho tiempo - mentí.
— No tienes ideas.
— Te tengo a ti.


Los vasos siguieron acumulándose. Las idas y las venidas. El no andar para recorrer kilómetros. El deseo recorriendo cada uno de mis dedos asiendo ese cuerpo que dormita junto a mí. El verano nos arrolló como un tren en marcha. Ahogándonos en este frío. Somos dos gaviotas que se posan en el tendido eléctrico tendiendo nuestros pensamientos al sol. Pero no pensamos nada. Simplemente sabemos estar. Hoy es el primer día. Kilómetro 0.

Recogió sus cosas y salió de allí.

Día 3.

Creo en ese silencio que hay después de decir cualquier chorrada que anticipa un te quiero. Ese silencio, en tu cama, hace apenas unas horas, esperando el momento justo para decirlo. Creo en ese momento en el que mi pecho se acelera al verte, al pensarte, al olerte. En el que el reloj se detiene cuando se cruzan tu mirada y la mía. Que aún creo un poquito en que todo esto es un sueño, que es demasiado bueno para ser verdad y que en cualquier momento despertaré en mi cama solo. Pero no es así. Es real. Y es cuando me despierto, giro en la cama y te observo ahí, eterna. Mi corazón vuelve a acelerarse y el reloj quiere detenerse. Si tan solo dejase de girar unas vueltas para ser realmente infinitos. Y perdurar y perdurar. Juntos hasta el final.


Me cruzo un par de gatos. Aquellos primeros te quiero camuflados en un lenguaje extraño.

Día 2.

E hicimos un año y medio. 1'6. De la mejor manera en la que se puede celebrar un año y medio: borrachos de ron y besándonos en una cama llena de calor. Andar por las calles oscuras acompañados de mis mejores amigos, y de los que poco a poco se van convirtiendo en aquellos con los que te gusta estar. Al fin y al cabo, no sabemos montárnoslo tan mal. — ¿En qué piensas? — Ya mismo dos años... y tres... y cuatro... 


Las calles están oscuras. El mundo duerme. No para nosotros.

Día 4.

Hoy ha sido una noche de esas en las que te despiertas casi sin saber dónde estás. Y estaba solo. No me acostumbro a dormir ya sin ti. Ha sido una de esas noches en las que los sueños se apoderan de todas las realidades y convierten la suya en la única e impertérrita. Y antes estos sueños despertaban en  mí algo más que una atracción; despertaban el deseo de quedarme allí para siempre, sin volver a lo que era la verdadera realidad soñando siempre en una paralela. Pero ahora no es así. Ahora me despierto y, sí joder, me encantan estos sueños, pero aquí estás tú. La verdadera realidad. Y el verdadero sueño. La figura perfecta que mezcla lo imposible con lo verdadero haciendo un estándar de amor del que, sinceramente, espero despertar soñando cada día. Estirando mi mano. La realidad nunca estuvo tan cerca.


Y pienso en las luces. En dos puntos de luz flotando en una nada. Dos puntos que brillan. Solo si están cerca el uno del otro.

domingo, 15 de septiembre de 2013

Árbol de luz.

Que por qué. Cada día. Que por qué. Me parece bonito. Le escribía cartas a ella. ¿Y a ti? No, a mí nunca me han escrito. 

Bajadas y subidas. 1 minuto. Cerrar antes de sumar tres. Simplemente somos un número. Ni uno, ni otro uno. Es un dos. O bueno, un uno grande. En fin. Es la paradoja de ciertas cosas la que despierta algo en mí cada vez que me paro a pensar. El hecho de que me parezca inmensa y solo quiera que me corte la circulación del brazo con su cabeza. Que duerma su pierna sobre la mía despierta. Porque ya nadie cuenta los versos. Quién sabe si algún día los contaron. Solo querían pararse, entre tanto movimiento, bajo cualquier techo, a leer algún soneto, o alguna tontería. Solo leer. Nada más. Y pasaron los días. Y ya el dos tiene un buen subrayado y el amor se representa con una pastilla al día que se traduce en miles. Miles de momentos. De que, a pesar de que suene rutinario, sea algo nuevo. Lo que buscaba. De que nunca me acostumbre a verla desnuda. De que su cuerpo sea el único lugar al que quiera viajar. Cada noche. Y que si nunca nadie lo había hecho, me atrevo a decir que era por temor al fracaso. Porque incluso yo, lo tengo. Porque es muy difícil. Tú. Quién podría dártelo. Nadie. Nadie es capaz de llegar a tanto. Yo, iluso, lo intento. Porque quiero seguir. Hasta el final. Ya lo sabes. Ya lo sabías. Solo tú y yo bajo una farola cualquier día de invierno. 

Ojalá vuelvas a tener las manos frías.

martes, 4 de junio de 2013

0:00

Y se acumula. Se me acumulan los vasos en la mesa, su ropa por todas partes, la mugre, la mierda. Tierra 0 y estoy muy lejos de aquí. Una forma más de joderlo. Un subconsciente actuando en beneficio mútuo pero con sus perdidas y ganancias. Tanto para ganar, tan poco para perder. Que somos uno, y el resto no importa. Que sí, que me ahogo.